El color de Maracaibo

En pos de las medallas, el deporte mexicano. Tras las historias, el cronista infatigable

Saturday, June 03, 2006

El canto de los huelepega

700 kilómetros de frontera con Colombia


Pedro Díaz G. /Enviado

Maracaibo, 11 de agosto.- Traen los ojos como cristales rotos y el andar cansino. Su aliento es pegajoso y las palabras apenas audibles. Son los niños desarrapados que deambulan lo mismo en la plaza central que a las afueras del mercado. Poco se acercan a la zona frecuentada por la clase alta y enclavada hacia las grandes y altas construcciones.
Pero cuando lo hacen se tornan peligrosos.
Se intoxican con el más atroz de los inhalantes, aquel que sin estar prohibido, convierte a su cerebro en muy poco tiempo en tan sólo una bodega de neuronas muertas: el pegamento amarillo.
Son los huelepega y por acá se escucha a ritmo latino una canción que los define: “ahí vienen los huelepega; han llegado, están aquí. Nadie puede con ellos...”, según canta Sandy & Papo.
Hace poco, cuenta Arelis Ocando, “entraba yo a la farmacia y vi a un grupo de niños afuera. No tomé importancia y me metí. Ellos lo hicieron detrás. El dependiente al ver que traían escondida una lata de pegamento quiso quitárselas. ‘Es que me da lástima verlos así’, argumentó. Eran unos ocho, de unos seis años el más chiquito y quizás doce el mayor. Enfurecieron. Comenzaron a romper las vitrinas y a destruir el lugar. Yo terminé en el fondo de la farmacia, agazapada. Sólo la policía los pudo controlar”.
Las drogas.
Tan sólo la región del Zulia (otros tres estados colindan: Táchira, Barinas y Apure) posee 700 kilómetros de frontera con Colombia. Y el intercambio comercial genera, para los zulianos, operaciones que superan los tres mil millones de dólares anuales.
Dinero legal. Transacciones que a todos convienen.
Pero...
Al final de la 15 Delicias, el camino sigue hasta convertirse en carretera que, en una hora, nos llevará a Colombia.
No es sólo la red nacional de caminos la que habrá que proteger sino las trochas, infinidad de pequeñas veredas abiertas en la maleza que aparecen constantemente para meter por ahí la droga.
Métodos como esconderla en tanques de gasolina o neumáticos han quedado obsoletos y lo que aquí sucede llama a la irrealidad: cadáveres de niños indígenas robados en Venezuela regresarán sin entrañas y retacados de droga. En animales para el consumo alimenticio...
O en los dediles: pequeñas fundas de goma que hacen las veces de cápsulas ingeridas por las “mulas” para el contrabando.
--...En la Universidad Katy era una niña muy querida, tomó algunas clases conmigo –narra Hebert Valbuena, de 22 años-- y nadie nunca lo imaginó: era una mula. Un día, y esto fue un escándalo que supo todo el país, los ácidos que produce el estómago fueron más poderosos que otras veces y, apenas llegando a Nueva York, cayó desplomada. Intoxicación. Todos lamentamos su muerte. Quién lo hubiera creído: el novio era el narcotraficante...
Hace una semana la policía realizó la enésima razzia a una discoteque en Bellavista, en plena zona comercial de Maracaibo: Champions. Sabían que dentro había droga y nunca la encontraban. Pero esta vez fueron a lo más profundo: permanecía escondida en la tubería del lavamanos.
--Por tierra es por dónde más cruza la droga de Colombia a este país. De todo: mariguana, pastillas, coca y crack –informa como en un lamento, Omar Perozo, miembro de una de las muchas fundaciones contra las drogas que han nacido en los últimos años en Venezuela.
Los precios, por la distancia, son accesibles para contaminar a los estratos más bajos de la población. Los altos no se salvan:
--...Ya lo dicen: pueblo chico, infierno grande: yo he estado yendo a una provincia que se llama Santa Bárbara de Zulia. Poca gente y mucho dinero, muchísimo. Tanto como droga puede consumir la mayoría de sus habitantes en el lujo de sus fiestas y en el vértigo de sus actividades.
¿Qué hacer?
Los pobres inhalan el pegamento amarillo. Se convertirán, así, en huelepegas, que nosotros llamaríamos chemos. La juventud, en un número preocupante, anda con un pitillo en la bolsa para meterse rayas de crack, o con pipetas en el auto para procesar la cocaína base. Fuman mariguana.
“Cada raya que te metes te raya por dentro”, escupe la televisión.
No hacen caso en un mundo en el que las emociones naturales ya no alcanzan y el hedonismo se convierte en otra razón para el disfrute.
En casa, los hijos comienzan a aparecer y desaparecer en intervalos regulares, sin razón aparente. Comenzarán los robos en pequeño. Se fugarán no muy tarde.
La mayoría de los adolescentes ha tenido alguna experiencia con bebidas alcohólicas y con otras drogas. De ellos, gran número experimenta un poco y deja de usarlas; o las usa ocasionalmente sin tener problemas significativos. Algunos seguirán utilizándolas regularmente con varios niveles de problemas físicos, emocionales y sociales. Otros desarrollarán dependencia y actuarán por años de manera autodestructiva.
El saber rechazar es parte de la solución, pero el decir “no”, es insuficiente.
Porque:
--Una vez que entras al mundo de las drogas difícilmente puedes salir. Si eres consumidor consuetudinario o si de alguna manera te conviertes en distribuidor, en el momento en que dices me retiro te lo impiden, y, si insistes, ellos prefieren matarte. Temen que los denuncies.
Indigentes pidiendo dinero en las calles para satisfacer sus necesidades fisiológicas y emocionales. Pequeños con el futuro roto desde antes de su concepción; clases sociales que se someten al capricho de la economía, el narcotráfico, más poderosa del planeta.
El gobierno de Zulia, para resolver algunos de los problemas fronterizos, ha logrado que la cancillería venezolana designe a un embajador, con asiento en este estado, para tratar los asuntos con mayor eficacia.
Se han firmado doce cartas de intención con los departamentos colombianos El Cesar, Santander y la Guajira.
No alcanza.
--Somos el puente de Colombia no sólo hacia Sudamérica sino hacia Europa –comenta, desolado, el profesor de matemáticas de la Universidad de Zulia, José Alfonso Piazza.
Presionado por la guerrilla, el gobierno colombiano no tiene acceso a muchas zonas que en su propio territorio han quedado atrapadas entre estas dos naciones: desde mediados de los ochenta hasta ahora más de 100 mil automóviles han sido robados en Venezuela y están allá, en tierra ¿de nadie?
Inexplicable.
Cada vez son más grandes los alijos de droga que se descubren. Y menos efectiva la lucha contra lo que se conoce ya como la pesadilla de fin de milenio.
Omar Perozo:
--...Por ello trabajamos: para prevenir, porque este problema va para largo. Años tardará erradicarlo. No tengo duda: toda una generación se está perdiendo. ¿Quién la salva?
Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire...



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