El orgullo que ilumina el cielo

Pedro Díaz G./ Enviado
Maracaibo, 9 de agosto.- Desde la lejanía un brillo inunda el oscuro cielo de esta región del Sol que descubriesen, en 1499 los marinos españoles Alfonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio.
Es el intenso resplandor de su parque deportivo.
Acaso la más reciente señal del orgullo colectivo: cuando el día muere las luces de todo el complejo se encienden y así permanecen en señal de fiesta, hasta el amanecer.
El orgullo que los zulianos tienen en sus Juegos se sustenta en un pasado de veloz desarrollo y un presente cosmopolita.
Orgullo, es lo que se respira bajo el intenso calor.
De sus mujeres:
--...Sí, son lindas. Pero acaso porque vivimos aquí y ya estamos acostumbrados no nos sorprendemos tanto. Pero, lo mejor, es que son simpáticas, alegres, bulliciosas. Coquetas...
Por sus ancestros:
--...Fueron ellos quienes nos colocaron a la cabeza en Latinoamérica: aquí se instaló la primera planta eléctrica de alumbrado en 1896 y se proyectaron las primeras películas del país, a finales del siglo pasado. En nuestro estado, además, se construyó la primera refinería venezolana de la era petrolera moderna.
De su bello puente que cruza al lago en la parte más estrecha:
--...Se terminó en 1962, justo cuando iniciaba el boom petrolero; tiene un largo de 8 mil 679 metros y 18 de ancho...
Maracaibo es, también, tierra de serpientes y cascabeles, como lo declararon los aborígenes Añú o Paraujanos, Wayúu o Guajiros, mucho antes del arribo de las naves españolas.
Tierra, además, que ahora convence a sus habitantes con extraños gestos demagógicos:
En las autopistas:
--No corras, Venezuela te necesita.
Y en bardas y camiones:
--Desarrollo de la ciudad sólo por el amor a nuestra gente.
Funciona.
Felices están los zulianos con los Juegos. Las calles han sido decoradas con motivos que complacen a los visitantes: banderas nacionales de cada nación participante en los postes de la avenida principal, colores de cada nación en el centro y postes de alumbrado que se convierten en gigantescos muñecos de colores luego de ser arropados con papel brillante que le dan un toque de celebración popular a estos días de inagotable actividad.
Gritan las voluntarias venezolanas a todo pulmón y sus voces se confunden en ritmos que impiden, en el subcentro de prensa del municipio San Francisco y los periodistas se quejan: no se puede ni hablar por teléfono.
Cada una, o uno, dirá: ¿Es usted periodista?, yo estoy aquí para ayudarle, en lo que necesite. No dude... ¿un fresquito?, ¿una línea telefónica?, ¿un dato?
Y la petición que no termina:
--¿No traerá por ahí un pin de México?
Nada calma sus impulsos:
--Yo colecciono monedas de otros países. Mire, ya tengo de...
--Y yo, latas de fresquitos. ¿No traerá una de su país?
El calor es sello distintivo en la región.
Pero mucho hay en Maracaibo además de esa temperatura que raya en la inconsciencia de los dioses.
El Zulia (“la fuerza de Venezuela”) es un canto a la vida. Es gente bulliciosa, amable. Es tambor y chimbangueles (tradicional instrumento musical), es el ¿cómo estáis vos? Que no termina nunca.
Es, acaso símbolo latino, el eterno inventar chistes de las cosas cotidianas.
También hay pobreza que se refleja en las barriadas: calles maltratadas por el paso del tiempo y los automóviles; casas construidas con paredes de lámina justo a unas cuadras de las torres apartamentales de lujo. Contraste.
--...Claro que también hay delincuencia. A esa no la acaba nadie. Por más que lo prometan los políticos: el robo, el crimen nacen en cada casa y fuera de ella nadie nada puede hacer. Consejo: no andar solos por la noche y, fuera de las instalaciones deportivas y centros de prensa, por favor, dejen a un lado sus acreditaciones pues es como una etiqueta que anuncia: aquí hay dólares...
Se dice, se rumora por ahí que aquí nació el nombre del país todo.
Américo Vespucio, cuenta la leyenda, asombrado quedó de esa civilización que levantaba sus viviendas sobre el Lago y comentó:
--Esto es muy parecido a Vene-cia...
De ahí Vene-zuela.
Mucho tiene de qué enorgullecerse la gente de Maracaibo.
De sus deportistas, por ejemplo: Luis Aparicio, beisbolista que antes de ser estadio fue jugador durante 18 años en Grandes Ligas; los hermanos Pompeyo y Víctor Davadillo, también grandes peloteros; Betulio González, que en boxeo fuera tres veces campeón mundial mosca; Pedro Gamarro, atleta de plata en 1976, Montreal…
En 1529, Ambrosio Alfinger fundó un caserío al que dio el nombre: Maracaibo. Más tarde, en 1569, fue Alfonso Pacheco y en 1574 Pedro Maldonado quienes repoblaron el lugar en donde hoy, miles de deportistas, comienzan a tejer sus ilusiones olímpicas.
Maracaibo es historia, tradición, belleza, que se puede admirar en sus edificios antiguos y sus iglesias, como la célebre Basílica de Chiquinquirá.
Maracaibo.
La ciudad del sol hoy posee, por las noches, brillo propio.
Es el orgullo.

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