El color de Maracaibo

En pos de las medallas, el deporte mexicano. Tras las historias, el cronista infatigable

Saturday, June 03, 2006

Ritmo, belleza; pasión....



Pedro Díaz G./ Enviado

Maracaibo, 8 de agosto.- Una antorcha de colores tatuada en la mejilla; o la espalda inundada de diamantina; o los grandes zancos que ya hacen temblar las piernas después de dos horas esperando a los invitados de honor.
Los Juegos.
Ya.
Ha sido inaugurada la decimoctava edición de esta justa Centroamericana con la delegación mexicana al frente en el desfile de naciones por haber sido nuestro país el primer anfitrión, allá por diciembre de 1926. Marchar n una a una las columnas de deportistas sobre el tartán del estadio Pachencho Romero, ilustre atleta venezolano y, salvo Colombia, todas juegan limpio: caminan despacio, sienten el aplauso, agitan gorras; saludan.
"Medellín 2003" se lee en la manta que portan los colombianos y de inmediato vendrá el no se vale pues un desfile de naciones no debe incluir propaganda proselitista aunque por ah¡ se vean a decenas vestidos de anaranjado con la leyenda "ahora somos m s" que el teniente coronel Francisco Arias Cárdenas, promotor (y ahora presidente honorario del comité‚ organizador) de esta justa, ha mandado a hacer en franca carrera hacia las elecciones para gobernador en noviembre, en donde piensa reelegirse.
Disputan la sede panamericana, además, Guadalajara y Santo Domingo. No se vale.
S¡, parecen decir los protagonistas en esta tarde que amenazaba lluvias torrenciales pero que se ha portado clemente con el espíritu de una juventud que no se cansa nunca.
También ser válido formarse a las puertas del estadio con toda cautela y sobredosis de paciencia en espera de encontrar sitio en las tribunas después de la incómoda revisión, uno a uno, con detector de metales y abra su bolsita por favor que los comandos rurales de la Guardia Nacional solicitan rifle y escopeta en mano.
No gusta de la violencia el ex rebelde del ejército venezolano y presidente honorario de los Juegos y los asistentes lo saben. Quedan quietos si quietos les piden; deambular n de puerta en puerta buscando el acceso correcto, sin chistar, si de aquello se trata. Y aunque la fiesta --denominada por otro de los políticos venezolanos, Hernán Alemán, presidente de la asamblea legislativa del estado Zulia: "El día que tocamos la gloria"- empieza tarde, nada importa si se hace con orden.
El deporte se convierte as¡ en bandera de ideales que desconocen los miles de pequeños reunidos desde muy temprano en las entrañas del estadio, vestidos ya, con zancos ya, con flores y frutas sobre la cabeza ya, cuando inician los festejos, justo a las cinco y veintidós, con la virtual caída del cielo de una docena de deportistas que se lanzan en paracaídas para posarse suavemente en la grama ante el grito espontáneo de admiración.
Ha iniciado la fiesta que conjuga ritmo con belleza.
Pasión.
Se moviliza vía walkie-talkie cada comandante y sus soldados obedecen: nadie pasa, a pesar de las acreditaciones, a pesar de los sellos militares, a pesar de los argumentos nada válidos. No, dicen y por allá atrás, envueltos en una música que inunda el estadio y que inicia con la banda-show de la escuela Rafael Urdaneta (que lo mismo toca con bombos timbales y platillos, que agita banderas mientras otros tantos chiquillos penetran al campo para soltar sus globos de colores), las niñas bailan. De amarillo las gimnastas, de azul las folclóricas y m s al fondo, acaso escondidas como sorpresivo cierre, en pleno maquillaje y seductivo contoneo, se encontrar n la reina de los Juegos y sus treinta princesas que por la noche atraer n a todas las miradas.
Habrá que vestirse para la ocasión: playeras sin mangas, ellos; tops, pantalón a la cadera, cabello ensortijado, por ejemplo, ellas. Cientos que ya llegan con el novio, con la mamá, con los compañeros de la escuela a este inicio de actividades que se digiere con especial condimento: el sabor latino.
El Parque del Sol, complejo deportivo, recibe también a los que menos tienen y todo lo desean. Y ya venden a las puertas del estadio raspados, plátanos fritos, refrescos en tarros congelados (con el logo oficial), boletos de lotería. "Entrele al quino, esta semana tres millones. ­‚éntrele!"...
Y ser hasta pasadas las siete de la noche cuando arribe la comitiva que como imán buscan los obturadores. Tras el perfecto despliegue de seguridad, tomarán su lugar Rafael Caldera, presidente de Venezuela, el príncipe Felipe de Asturias, José‚ Joaquín Puello, titular de Odecabe, José‚ Ferrer, al frente del Comité‚ Organizador, Fernando Romero, presidente del Comité‚ Olímpico Venezolano y monseñor Ovidio Pérez Morales, arzobispo de Maracaibo. Les acompañan los 32 presidentes de los comités olímpicos nacionales del área.
A trabajar, les dicen a los gigantes adolescentes que ataron hace mucho tiempo ya las correas de sus zancos al tobillo y que al desplegar sus capas se convierten en banderas de cada nación participante.
Vendrá entonces la parte fantástica de esta inauguración.
Diminutas gimnastas que arrebatan los suspiros maternales, tablas escenográficas formando el emblema de la bandera regional de los zulianos: radiante sol al que cruza diagonalmente un rayo sobre fondo en azul bicolor de que arranca el alarido en la tribuna.
Se hace la ola. Y es, justo tras la llegada de Francisco Arias, que las puertas se abren y, por fin, al anochecer, entra la-gente-tres-horas-en-fila-y-casi-desesperada.
Vendrá la belleza de 31 venezolanas y el desfile de las banderas en manos de la Guardia Nacional.
Pasear el equipo mexicano con su despojada abanderada --Marisol Bretón-- al frente al grupo que sueña con un segundo lugar, por el amor de Dios. Tras la danza de las naciones la ceremonia se volverá solemne: agradecimientos, abrazos entre autoridades, mensajes a los deportistas.
No ceden los militares en su perpetuo afán de obediencia y no se cansan las pequeñas inmersas en el júbilo sinfín. Ya para las nueve de la noche entrará a la pista el fuego centroamericano en manos de María Elena Giusti, nadadora de sincronizado; la antorcha ser tomada, para un penúltimo recorrido, por Arquímedes Herrera quien la ofrece a Rafael Vidal, ambos atletas, para declarar oficialmente inaugurados los Juegos.
Maracaibo esta noche vibra con diferente intensidad.
Por las calles caminan presurosos los vendedores en espera de clientes; las bocinas de los autos se transforman en extensión de gritos que se siguen escuchando en los alrededores del estadio para perderse en cada rincón de la pequeña ciudad de apenas dos millones de habitantes que tiene, en el ritmo, la música, la pasión, el sello latinoamericano que hace, de esta, una competencia ideal para el disfrute de los sentidos.
Los atletas después de los bailes deben partir obligadamente al hotel pues muy temprano comienza la esencia de la fiesta: la lid deportiva a la que tantos han venido.
Maracaibo.
Los Juegos.
Ya.

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